Amanda Valencia De Giraldo
September 5, 1925 - February 2, 2026

Amanda nació en Pereira el 5 de septiembre de 1925, en el hogar formado por José María Valencia y Rita Isaza, siendo una de doce hermanos. Desde muy joven dio muestras de una inteligencia excepcional: a los 13 años se trasladó a Cali para estudiar Piano y Violoncello en el Conservatorio Antonio María Valencia, donde se graduó con honores. Aquella “niña prodigio” conservó durante toda su vida la curiosidad, la disciplina y la sensibilidad que la acompañaron desde entonces.
El 16 de junio de 1949 contrajo matrimonio con el médico antioqueño Dr. Néstor Giraldo García. De esa unión nacieron Federico, Claudio, Mauricio, Ana Felisa, Eugenio, Soledad, Adriana, Constanza y Camilo, quienes fueron siempre el eje y el sentido de su existencia. Tras la partida temprana de su esposo en 1974, Amanda asumió la vida con valentía y determinación. En 1980 emigró a los Estados Unidos, trabajando incansablemente para abrir camino a sus hijos menores y ofrecerles un futuro mejor. Gracias a ese esfuerzo y sacrificio, Adriana, Mauricio, Constanza y Camilo construyeron allí sus vidas.
La vida la bendijo con ocho nietos: Saulo Federico, Andrés Federico, María del Pilar, Adriana Francisca, María Ximena, Ángela María, Maríacamila y Valentina, y más tarde con tres biznietas que llenaron su corazón de una alegría serena: Kaitlyn Briana, Kameryn Amanda y Alexa Catarina. Sus nueras —Victoria Eugenia Varela, Pilar Eugenia Palma y Morleyda Tamayo— no fueron solo esposas de sus hijos, sino hijas profundamente amadas por ella.
Amanda fue una mujer de inteligencia fuera de serie. Amaba la ciencia, la filosofía, la política, la economía, la poesía, los noticieros y las religiones. Tenía un don especial para reflexionar y escribir sobre lo humano y lo divino. Su generosidad no conocía límites: siempre había una palabra, un consejo, una ayuda concreta para quien la necesitara. Fue el centro afectivo no solo de su familia, sino de todos aquellos que tuvieron el privilegio de conocerla. Le encantaban las reuniones familiares, la buena mesa, dar regalos y compartir. Fue madre de muchos y amiga de todos.
Hace seis años sufrió un accidente cerebrovascular que limitó su movilidad, pero jamás su espíritu. La resiliencia con la que enfrentó esta etapa es una de sus mayores lecciones. Siempre encontraba una solución, siempre veía en cada dificultad una oportunidad. Su vida estuvo guiada por la búsqueda constante del lado positivo de las cosas; no en vano, su lema favorito era: “dos y dos son cuatro”. Analítica, asertiva, amante del orden y de la organización, supo adaptarse a los cambios con una lucidez admirable.
Para todos nosotros ha sido un privilegio inmenso haber contado con su presencia y su apoyo incondicional. Sus enseñanzas seguirán siendo el norte de esta y de las generaciones que vendrán. No es posible resumir en palabras cien años de una vida tan plena, tan fecunda y luminosa. Qué orgullo haber tenido una Amanda como la nuestra.
Su partida no es un final, sino un paso hacia la eternidad. Vivirá por siempre en nuestros corazones, en nuestros recuerdos y en cada decisión que tomemos inspirados por su ejemplo. Que Dios la reciba en su gloria y nos conceda la fortaleza y la paz necesarias para aprender a vivir sin su presencia física, pero nunca sin su amor.
Descansa en paz, Amanda.
Amén.














